El caso de la Harley Desaparecida
Ajahn Brahm

El caso de la Harley Desaparecida
Uno de los primeros residentes en mi monasterio fue Patrick. Era un hombre con un hondo sentido espiritual, sin familia ni dirección fija. Solía viajar de un monasterio a otro, saltando de una comunidad espiritual a otra. Era algo así como una pulga del espíritu. De este modo sucedió que llegó a mi monasterio en los primeros años para ayudarnos con el trabajo físico que implicaba construir las instalaciones imprescindibles.
No tenía casa ni ahorros, lo único de valor que poseía era una magnífica moto Harley Davidson que tenia en alta estima. Le permitía viajar por Australia, disfrutando de la libertad de no sentirse atado a ninguna persona y a ningún lugar.
Me escribió contándome su experiencia en un gran centro comercial de Sídney. Después de aparcar su moto en el garaje, compró algunas cosas y volvió a buscar su moto. Para su sorpresa, la zona de aparcamiento estaba vacía. ¡¡Alguien le había robado la Harley!
Aquella preciosa moto era lo único de valor que poseía. Había ahorrado durante mucho tiempo para comprarla. Era la máquina que le daba la posibilidad de vagar libremente por donde quisiera. Pero algún canalla se la había llevado. Ahora ya no le quedaba nada.
Había estado escuchando las enseñanzas budistas el tiempo suficiente como para comprender el significado del apego. Recordó entonces las palabras del Buda:
“Todo lo que es mío, lo que me es querido y agradable, algún día se separará de mí.
Así que enseguida aceptó su pérdida, pensando: “Bueno. Más pronto o más tarde tenemos que soltarlo todo. No tiene sentido sufrir por lo que no puedes cambiar. He pasado una época maravillosa viajando por este inmenso país con la Harley. Ahora espero que le dé el mismo placer a su nuevo propietario”.
Se sintió muy complacido de que el ladrón solo le hubiera robado la moto, pero no su paz mental. Había pasado con éxito una dura prueba sobre la necesidad de soltar.
Cuando se dirigía a coger el transporte público, sonriéndose a sí mismo por su logro espiritual, ¡se dio cuenta de repente de que se había equivocado de piso en el aparcamiento!
Cuando bajó de nuevo las escaleras hasta el nivel correcto, allí estaba su Harley, sonriéndole. No solo había pasado la prueba de soltar, sino que, además, seguía teniendo su moto. Había ganado doblemente.
Bien hecho, Patrick.
