Si no puedes perdonar esto es para ti

Sor Leticia O.P.

Este libro reúne 7 testimonios sobre el poder del perdón desde la visión Cristiana. ¿Te puede ayudar aunque no creas? Yo creo que sí y te lo digo desde mi estado de NO Creyente. Si creo que Jesús de Nazaret existió, que fue un gran ejemplo y maestro pero como lo fue Buda y otras muchas personas que han tenido la capacidad de tener una vida plena de AMOR INCONDICIONAL hacia los demás y hacia sí mismos.


“No es la historia, sino lo que extraes de ella, lo que es tan poderoso. Y eso, naturalmente, depende de ti”

IMPORTANTE: Te pido que leas mis palabras desde donde las escribo. Mi intención es abrirte la puerta al perdón, pero teniendo claro que puede NO SER TU MOMENTO. Debes RESPETAR tus tiempos, si algo de lo que lees te rechina, obvíalo, no es tu momento. Te pido que NO PERMITAS que mis palabras te alejen del perdón. Sigue tu camino, ya llegará. Si te has asomado a este resumen es porqué ya estas buscando, sigue la búsqueda, puede que no sean mis palabras lo que necesitas, pero esas palabras te llegarán.

Mis reflexiones del libro

Aquí comparto contigo lo que me quedo yo de cada una de las historias. Invitándote, como siempre, a leer el libro completo. Y a entender que es MI verdad, no LA VERDAD.

El primer caso que nos plantea el libro es la infidelidad, en este caso centrada en un matrimonio creyente. Su promesa ante DIOS es un punto importante en el relato.
¿Has sentido que alguien te ha sido infiel? Si me conoces un poco o conoces mi proyecto, sabes que me gusta ampliar el zoom. No tiene que haber sido tu pareja, puede haber sido alguien en quien confiabas.
Y quiero también que te des cuenta de ese “has sentido”.
¿Qué te provoca ahora mismo pensar en esa persona?
¿Qué te provoca pensar en esa situación?
Si todavía lo vives desde el dolor, es que te queda trabajo por hacer. Ese trabajo te permitirá soltar y liberarte.
El libro te invita a soltarlo en Jesús; en mi caso, te invito a:
1– Si es alguien de tu pasado con quien ya no tienes relación:
¿Por qué le das el poder de empañar tu felicidad? Ese poder se lo estás dando tú, y solo tú podrás quitárselo.
Es más sencillo hacerlo desde la compasión, desde entender que actuó como podía en ese momento.
2– Si es alguien de tu presente:
¿Quieres mejorar la relación? Te toca dar el primer paso desde dentro: entender que no es contra ti.
Y, como en el paso anterior, darte cuenta de que esa persona actuó como podía en ese momento.
Lo sé, no es tan sencillo. No lo intentes con algo que AHORA sea demasiado grande para ti.
Busca esas pequeñas “infidelidades” que has sentido y que te resultan más fáciles de perdonar.
Voy a compartir contigo los otros casos, pero esta parte vas a ver que se repite en cada uno de ellos: solo está en ti tomar la decisión de perdonar y soltar.

Aitor es un joven que ha pasado de ser ultra en un equipo de fútbol y un viva la vida a asumir la responsabilidad de su vida. Para ello tuvo que tocar fondo: un embarazo no deseado, una deuda inasumible que podía suponer el desahucio de su hermana…
El cambio en él vuelve a estar vinculado a encontrar el camino a través de la oración y la Iglesia, en este caso en el Neocatecumenado.
Lo importante para mí: él cambió, se convirtió en alguien de quien sentir orgullo, alguien a quien SÍ podía perdonar los errores del pasado.
Si nos acercamos a los demás pensando que pueden ser mejores, les abrimos la puerta a esa mejora.
Y, sí, me repito: si entendemos que, en un momento dado, actuaron como podían actuar en las circunstancias en las que estaban (físicas, mentales y espirituales), podremos perdonarles y ayudarles —si se dejan— a dar un giro en su vida.
Siempre desde el AMOR INCONDICIONAL.

El tercer ejemplo viene de la mano de Juan, que está cumpliendo condena por un delito de abuso sexual a una menor. He dudado si ponerlo, pero me parece importante. Para él, cuando lo cometió, no lo veía como un delito: se enamoró y fue consentido. Pero, igualmente, es un delito.
En la cárcel conoció al grupo de voluntarios de la Pastoral Penitenciaria y ahí cambió todo. Empezó a escucharles desde su ignorancia y la curiosidad hizo que leyese la Biblia. A partir de ahí, todo cambió y ahora se dedica a ayudar y acompañar a los presos que entran en la cárcel.
Este caso me recuerda a una anécdota de Ajahn Brahm, en la que cuenta cómo los presos que asisten a sus charlas reinciden mucho menos. ¿Por qué? Porque los trata como personas, no como asesinos o ladrones.
Volvemos al mismo punto: perdonar desde la empatía y la compasión te permite eliminar las etiquetas que pesan sobre la otra persona. Pasas a verla desde la indefensión de sus conocimientos y de sus circunstancias.

Volviendo de un viaje junto a sus hijos, sobrinos y hermana, les dan la noticia de que su hermano ha sido asesinado durante el atraco a un supermercado. Isabel se ha educado en la fe cristiana y su primera reacción, y las siguientes, es de odio, rencor y negación de Jesús. No termina de entender cómo sus padres son capaces de vivir el dolor de la pérdida sin sentir rencor contra el asesino. Al contrario: lo viven desde la compasión.
Pasa tiempo hasta que Isabel es capaz de vivirlo así. Ese momento llega gracias al ejemplo de sus padres. Y, una vez que perdona, es capaz incluso de rezar y pedir para que el asesino encuentre el camino hacia el bien y la felicidad.
Es uno de los testimonios que seguramente más nos cueste entender y más aún practicar.
¿Perdonar a alguien que ha asesinado a alguien a quien queremos? Buff… creo que incluso a mí me queda camino que recorrer.
Pero me quedo con una reflexión que hace la protagonista sobre el abismo en el que estaba en el resentimiento, un abismo del que no era consciente y que iba creciendo.
¿Podemos empezar a perdonar desde el egoísmo, por querer estar mejor, para después pasar a perdonar desde el AMOR INCONDICIONAL?

El caso de Blanca también es duro: ella era quien conducía en el accidente en el que su hermano perdió la vida. No fue su culpa, pero sí cargó en silencio con ella hasta que, gracias a una amiga y a un retiro en el convento de Sor Leticia, fue capaz de verbalizar esa culpa y soltarla.
En ocasiones preferimos esconder la culpa que sentimos en vez de enfrentarnos a ella y perdonarnos. En este caso ni siquiera era culpa suya, pero ¿cuántas veces nos sentimos culpables por algo que SÍ hemos hecho mal?
Sin entender lo mismo que he comentado en los otros casos, hicimos lo que hicimos porque era lo único que podíamos hacer teniendo en cuenta nuestras circunstancias (físicas, mentales y espirituales).
Para mí, ese perdón debe venir unido a nuestro compromiso de mejorar esas circunstancias para tomar una mejor decisión si el futuro nos pone en la misma situación.
El pasado es pasado, no podemos cambiarlo.
Solo podemos actuar en el presente para construir el futuro que queremos vivir.

Pelayo fue alcohólico como su padre. Siendo muy pequeño, entre los 3 y 6 años, tuvo que pasar mucho tiempo solo en el hospital por una enfermedad. Eso hizo que se sintiera solo. No mejoró al volver a casa y encontrarse en una familia desestructurada: padre alcohólico y madre ausente por tener que trabajar muchas horas para mantener a la familia.
El paso “natural” ante esa situación fue convertirse en un calco: usar el alcohol para hacer amigos e integrarse en un grupo que “eliminara” su soledad.
Tocó fondo al escuchar llorar a su madre, otra vez, y decidió asistir a una reunión de Alcohólicos Anónimos. Allí le acogieron, le apoyaron y le mostraron la fe cristiana como camino para cambiar su vida.
Su padre siguió sus pasos y ahora tiene una familia feliz.
Él ha sido capaz de perdonarse, pedir perdón y perdonar a su padre.



En esta ocasión el testimonio es en forma de carta. José, divorciado y con hijos, les cuenta a Raquel y Marcos —dos jóvenes que están planteándose abortar— su experiencia de vida después de consentir el aborto de su pareja cuando él era joven.

Les comparte cómo la culpa le hizo más egoísta y cómo ese egoísmo fue marcando su vida, hasta llegar a perder a su mujer y su estabilidad emocional. Y cómo, en ese momento, siente que la Virgen le tiende una mano; al aceptarla, todo cambia. Y es capaz de pedir perdón y perdonarse.

No voy a entrar en un debate sobre el aborto; creo que es una decisión personal y que NADIE puede juzgar ni condenar por ello.

De esta historia vuelvo a quedarme con el autoperdón, que suele ser el más complicado y el más dañino para nuestra felicidad. Lo que en ocasiones nos resulta más sencillo perdonar en los demás, se nos hace complicado hacerlo en nosotros mismos.

Me repito, lo sé: busca el AMOR INCONDICIONAL en ti y para ti. Para mí, ese es el camino.

Hasta aquí este resumen. Es un libro muy sencillo de leer; yo lo he leído en dos días para preparar una charla sobre el perdón. Y sí, después de llevar dos años con él en casa… lo conseguí en papel en un viaje a Lerma.
Espero que te ayude en tu camino hacia la FELICIDAD CONSCIENTE.

SI NO PUEDES PERDONAR, ESTO ES PARA TI

SOR LETICIA O.P.

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